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Avances en higiene clínica: qué aportan las nuevas tecnologías y por qué no reemplazan la limpieza

UV-C, peróxido de hidrógeno y medición ATP: qué aporta cada tecnología a la higiene en salud y laboratorios, y por qué no reemplazan la limpieza manual.

Aseo industrial e institucional|

2 de Noviembre de 2026

Avances en higiene clínica: qué aportan las nuevas tecnologías y por qué no reemplazan la limpieza

Imagen referencial.

En recintos de salud, laboratorios y plantas donde la higiene es crítica, las superficies de uso diario (manillas, barandas, mesones, equipos) pueden transmitir microorganismos. Para elevar el estándar han aparecido tecnologías que prometen mucho: luz ultravioleta, peróxido de hidrógeno vaporizado, superficies antimicrobianas y equipos que miden en minutos qué tan limpia quedó una superficie.

Todas pueden aportar. Pero la evidencia coincide en algo que conviene tener claro antes de invertir: ninguna reemplaza la limpieza manual bien hecha. La secuencia correcta sigue siendo la misma: limpiar, desinfectar y verificar.

1. Primero se limpia, después se desinfecta

La suciedad y la materia orgánica protegen a los microorganismos y reducen la acción de los desinfectantes. Por eso toda desinfección parte con una limpieza mecánica: fricción, detergente y retiro de la suciedad.

El segundo punto que más falla en terreno es el tiempo de contacto. Cada desinfectante necesita que la superficie permanezca húmeda durante un tiempo determinado para actuar, y en la práctica ese tiempo muchas veces no se cumple. Un buen producto mal aplicado rinde como un mal producto.

Las buenas prácticas básicas siguen siendo las más efectivas:

  • paños de microfibra;
  • código de colores por zona, para no trasladar suciedad desde los baños a los mesones;
  • trabajar de lo más limpio a lo más sucio y de arriba hacia abajo.

2. Desinfectantes: registro, dilución y fichas

En Chile, los desinfectantes de uso sanitario y doméstico (los que no son de uso humano y se aplican sobre superficies y ambientes) deben contar con registro sanitario del Instituto de Salud Pública (ISP), conforme al Reglamento de Pesticidas de Uso Sanitario y Doméstico (DS N° 157, del Ministerio de Salud). El registro tiene una vigencia de cinco años.

Al evaluar un servicio de aseo conviene pedir, por cada desinfectante:

  • el registro ISP vigente;
  • la ficha técnica, con su espectro de acción y tiempo de contacto;
  • la hoja de datos de seguridad;
  • y el procedimiento de dilución por escrito.

3. Luz ultravioleta (UV-C): eficaz donde llega

Los equipos de UV-C emiten una luz que inactiva microorganismos en las superficies expuestas. Se usan principalmente en la limpieza terminal, cuando el paciente es dado de alta y la sala queda desocupada.

Sus límites son claros:

  • solo actúa donde la luz llega directamente: las sombras y la distancia reducen mucho su efecto;
  • exige limpieza manual previa;
  • agrega tiempo a la rotación de salas y requiere personal capacitado.

La evidencia muestra beneficios cuando se usa como complemento. Un ensayo realizado en nueve hospitales de Estados Unidos encontró que agregar UV-C a la desinfección estándar redujo la adquisición de microorganismos en pacientes que ocupaban salas de alto riesgo. Al mismo tiempo, las revisiones advierten que buena parte de los estudios tiene limitaciones de diseño. Conclusión práctica: es un complemento útil en áreas críticas, no un sustituto.

4. Peróxido de hidrógeno vaporizado

Funciona con la misma lógica que la UV-C. Se aplica en salas selladas y desocupadas, después de la limpieza manual, y alcanza un alto nivel de desinfección en las superficies expuestas. Se usa sobre todo en limpiezas terminales de áreas de aislamiento. Su costo y el tiempo que la sala queda fuera de uso son los factores a evaluar.

5. Medición de ATP: para verificar, no para desinfectar

El ATP es una molécula presente en todas las células vivas. Con un hisopo y un equipo portátil (luminómetro) se mide cuánta materia orgánica quedó en una superficie, en unidades relativas de luz (URL). El resultado se obtiene en minutos, y por eso se ha convertido en una herramienta muy usada para controlar la calidad de la limpieza.

Es importante entender lo que no mide:

  • no distingue microorganismos de otros restos orgánicos;
  • no detecta virus;
  • sus resultados no siempre coinciden con los conteos de colonias en laboratorio.

Por eso sirve para evaluar si se limpió bien, para capacitar al personal y para comparar resultados en el tiempo. No sirve para certificar que una superficie está “libre de gérmenes”. Lo recomendable es combinarla con otros métodos, como la observación directa y los marcadores fluorescentes.

6. Superficies antimicrobianas y tecnologías emergentes

Algunos materiales y recubrimientos, como ciertas aleaciones de cobre, pueden reducir la carga microbiana entre una limpieza y otra. Otras tecnologías, como el ozono o el plasma frío, siguen en evaluación. Frente a cualquiera de ellas conviene exigir:

  • evidencia independiente;
  • hoja de seguridad;
  • condiciones de uso claras (varias solo pueden aplicarse en recintos desocupados).

Y desconfiar de cualquier promesa que sugiera que se puede limpiar menos.

7. Lo que no cambia: protocolo, capacitación y supervisión

La tecnología amplifica un buen protocolo, pero no corrige uno malo. Lo que más incide en la higiene de un recinto sigue siendo:

  • contar con procedimientos escritos por zona;
  • tener personal capacitado;
  • y supervisar y verificar el trabajo.

En Swan aplicamos esa lógica en todos nuestros contratos:

  • ingeniero en prevención de riesgos propio;
  • capacitaciones mensuales y anuales al personal;
  • supervisión en terreno con doble foco: la calidad del servicio comprometido y el control de prevención de riesgos;
  • todo bajo un sistema de gestión certificado ISO 9001:2015.

Seis preguntas para hacerle a su proveedor de aseo

  1. ¿Los desinfectantes que usa tienen registro ISP vigente? ¿Me entrega las fichas técnicas y las hojas de seguridad?
  2. ¿Tiene procedimientos escritos por zona, con diluciones y tiempos de contacto?
  3. ¿Cómo y cada cuánto capacita a su personal?
  4. ¿Cómo verifica que la limpieza quedó bien hecha: inspección, medición de ATP, marcadores fluorescentes?
  5. ¿Con qué frecuencia supervisa en terreno y cómo me lo informa?
  6. Si propone tecnologías como UV-C, ¿qué evidencia las respalda, en qué condiciones se usan y qué riesgos tienen para las personas?

Preguntas frecuentes

¿La luz UV-C reemplaza la limpieza manual?

No. Solo actúa sobre las superficies que la luz alcanza directamente y requiere que la sala esté previamente limpia. Es un complemento para áreas críticas.

¿Qué mide un test de ATP?

La cantidad de materia orgánica que quedó en una superficie. Indica si se limpió bien, pero no confirma la ausencia de microorganismos ni detecta virus.

¿Qué desinfectantes se pueden usar en Chile?

Los que cuentan con registro sanitario vigente del ISP para el uso declarado, aplicados según la dilución y el tiempo de contacto que indica el fabricante.


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Fuentes

  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Options for Evaluating Environmental Cleaning (2010).
  • Anderson D. J. et al. Ensayo multicéntrico de desinfección terminal con UV-C (BETR-D), The Lancet, 2017.
  • CADTH. Non-Manual Techniques for Room Disinfection in Healthcare Facilities (revisión).
  • Ultraviolet disinfection robots to improve hospital cleaning: real promise or just a gimmick?, revisión publicada en PubMed Central.
  • Ministerio de Salud. DS N° 157, Reglamento de Pesticidas de Uso Sanitario y Doméstico.
  • Instituto de Salud Pública. Registro de productos desinfectantes (ChileAtiende).

Artículo publicado el 9 de noviembre de 2023 y actualizado en noviembre de 2026.